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Turismo, conservación y comunidades portal de la Patagonia chilena: oportunidades y desafíos en tiempos de crisis

Esta semana se celebró el Día Internacional del Turismo bajo el lema: “Turismo y Desarrollo Rural”. Este día nos invita a reflexionar acerca de las oportunidades y desafíos, que tiene la actividad turística en el desarrollo de las comunidades rurales y en la conservación efectiva de los ecosistemas marino y terrestres en la Patagonia chilena.

Patagonia es un territorio único en el planeta, con glaciares, fiordos, canales, bosques, turberas y muchas especies emblemáticas. Cerca del 74% de la superficie nacional del Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado (SNASPE) se encuentra en Patagonia, con 40 Áreas Silvestres Protegidas (Parques, Reservas y Monumentos), 4 Santuarios de la Naturaleza, y cerca de 26 Bienes Nacionales Protegidos. Este territorio ha estado habitado primero por culturas originarias de cerca de 6000 años y hoy por comunidades locales, cuyas formas de vida están vinculadas a los ecosistemas naturales marinos y terrestres, distribuidos a lo largo de 3 regiones, 26 comunas, y más de 200 localidades, con un alto porcentaje de ruralidad. Según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el 83% de la superficie del país pertenece a comunas rurales (263 de las 346), y en las regiones de la Patagonia esto corresponde a un 39%, de acuerdo a los datos de la recientemente publicada Política de Desarrollo Rural de Chile.

Estos atributos son los que permiten la práctica de diversas formas de turismo como el turismo de naturaleza, turismo rural, ecoturismo y, en gran medida han hecho que este sector sea reconocido como una de las actividades económicas más relevantes en este territorio. Se ve reflejado además, en el aumento de visitantes a sus destinos turísticos y a sus áreas silvestres protegidas, en las marcas reconocidas y posicionadas en el mercado turístico internacional como son “Patagonia” y “Carretera Austral”, en las múltiples políticas públicas para el fomento productivo en torno al turismo y áreas protegidas, y 7 Zonas de Interés Turístico (ZOIT), con planes de acción vigente.

Sin embargo, este amplio y prístino territorio, presenta una serie de desafíos en torno a la conservación efectiva de sus áreas para hacer del turismo una estrategia real que contribuya a la conservación y el desarrollo local. La falta de mecanismos de financiamiento permanente, recursos humanos para fiscalizar, infraestructura y equipamiento mínimos para operar, entre otros que, unidos al alto grado de heterogeneidad de la oferta turística del territorio y la alta temporalidad ha generado la saturación de algunas áreas protegidas y localidades. Esto debido en gran medida, a la débil gestión turística y políticas públicas vinculantes.

A lo anterior se suma que en la actualidad, la actividad turística en Chile está viviendo una crisis sin precedentes, primero por el movimiento social que vivió nuestro país y, ahora, la pandemia. Esta situación hace más complejo poner en la balanza las prioridades que se deben abordar para superar las brechas existentes, en el corto y mediano plazo. En tiempos donde lo que se espera son acciones y medidas para reactivar la industria, la invitación es a reinventarse, considerando la protección de los ecosistemas naturales y las comunidades locales, que son el alma de las empresas turísticas y del territorio.

Desde el Programa Austral Patagonia (www.programaaustralpatagonia.cl) creemos que es fundamental avanzar en conectar y empoderar a los actores públicos y privados del turismo y la conservación, mejorando la gestión de las áreas protegidas marinas y terrestres de la Patagonia chilena, promoviendo el desarrollo de una actividad turística planificada y responsable con el medio ambiente, legitimada por las comunidades, disminuyendo los impactos negativos al interior de las áreas protegidas y aumentando los beneficios para las “Comunidades Portal” de estas áreas.

Tenemos la convicción de que el turismo bien planificado es una actividad con un gran potencial para contribuir a los objetivos de conservación y gestión efectiva de las áreas protegidas y, a su vez, favorecer la movilidad social, permitiendo que las personas locales se beneficien de los múltiples servicios que entregan estos ecosistemas, mejoren su calidad de vida y, en consecuencia, valoren y protejan su territorio de las posibles amenazas que atentan contra la sustentabilidad del patrimonio natural y cultural.

Esto sólo es posible si las comunidades locales cuentan con capital humano y capital social fortalecido, y la participación en los procesos que configuran su bienestar individual y territorial. Por lo tanto, se hace necesario contar con políticas públicas que den sustentabilidad a estas iniciativas, sobre todo en este sector que requiere de la voluntad y coordinación de diversos actores e instituciones, públicas y privadas, para asegurar una experiencia positiva al visitante generando el mínimo impacto negativo en el territorio.

Aprovechemos este tiempo de movilidad reducida, de inestabilidad e incertidumbre para fortalecer los aspectos más débiles, para pensar una nueva forma de hacer un turismo responsable con nuestros ecosistemas marinos y terrestres, ya que en este retorno lento y, a veces lejano, van a jugar un rol fundamental en la industria de los viajes. Se requerirán espacios naturales, con bosque, mar y aire puro, con baja densidad poblacional y con protocolos que den seguridad al visitante que, al igual que todos, ha vivido el confinamiento de la pandemia.

Columna de Katerina Veloso Santana
Encargada Turismo y Conservación
Programa Austral Patagonia
Universidad Austral de Chile

Publicación original en: Diario El Ovejero
Foto: Javier Godoy

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