
Día Nacional del Guardaparque
Más de 4.896 hectáreas de humedal y cursos de agua conforman el Santuario de la Naturaleza Río Cruces y Chorocamayo, refugio de cisnes de cuello negro, garzas, huillines y coipos, entre muchas otras especies. Su administración está a cargo de Mario Maturana Arévalo, guardaparque de la Corporación Nacional Forestal (CONAF), quien conoce de cerca los desafíos que implica desempeñarse como guardaparque de un área protegida.
“Siempre quise ser guardaparque”, señala Maturana, quien lleva 10 años vinculado al Santuario y cerca de 17 años en CONAF. “Desde que salí de cuarto medio quería ser guardaparque. Intenté ingresar a CONAF, pero esa primera vez no resultó”. Sin embargo, la idea de dedicarse a esta labor permaneció y, tiempo después, tendría su primera experiencia en un área protegida: el Parque Urbano El Bosque, ubicado en Valdivia, Región de Los Ríos.
Tras esa experiencia y un periodo de preparación, decidió volver a postular a CONAF y, en 2009, ingresó como guardaparque al Parque Nacional Vicente Pérez Rosales, específicamente al sector de Peulla, donde permaneció durante tres años para luego trasladarse al sector de Petrohué. “Al comienzo, diría que lo más difícil fue la soledad, estar lejos de la familia. Recién tenía un hijo pequeño en ese momento, entonces estar en una localidad donde no había mucha comunicación era difícil. El catamarán iba solamente una vez al día a dejar pasajeros y después volvía. No teníamos teléfono ni celular en esa época, entonces el aislamiento era lo más complejo”.
A pesar de este complicado comienzo, cuenta que, con el paso del tiempo una de las experiencias más bonitas fue el contacto con las personas y con la naturaleza. “Es un trabajo, yo diría, de vinculación con los distintos actores con presencia en el territorio y, por supuesto, de estar atento a lo que sucede en el área protegida”.
Tras siete años trabajando en el parque y luego de la erupción del volcán Calbuco, llegó al Santuario de la Naturaleza Río Cruces y Chorocamayo, donde ya suma una década de trabajo.
Un cambio de escenario
Maturana afirma que pasar de un área eminentemente montañosa como el Parque Nacional Vicente Pérez Rosales al Santuario requirió un periodo de adaptación. “Si bien el parque cuenta con un gran cuerpo de agua como lo es el lago Todos los Santos, fue un cambio llegar a un lugar donde el río tiene poco menos de dos metros de profundidad. Fue un proceso de aprendizaje, de inmersión y de conocer a quienes vivían en el territorio”.
Un aprendizaje que, según aclara, no estuvo relacionado únicamente con las diferencias entre ambos ecosistemas, sino también con aquellos aspectos que hacen único a cada territorio y a quienes lo habitan.
“Cada lugar tiene su propia idiosincrasia, su forma de ser y de relacionarse con la naturaleza. En ese proceso también fueron claves mis colegas del Santuario, quienes me apoyaron cuando llegué y me fueron enseñando aquellas cosas con las cuales no estaba familiarizado”.
El trabajo en el Santuario no se limita al cuidado de su fauna. Maturana distingue que, de acuerdo con el Plan de Manejo de 2019, se identifican ocho objetos de conservación: cinco biológicos y tres culturales. Entre ellos se encuentran especies emblemáticas como el cisne de cuello negro y el huillín, además de componentes del ecosistema como los fondos someros, los totorales, la vegetación ribereña y la columna de agua. A ellos se suman objetos de conservación cultural vinculados con la memoria territorial, las rutas fluviales y terrestres y el patrimonio arqueológico y paleontológico existente.
Parte importante de la labor de los guardaparques se encuentra asociada al monitoreo. Uno de los seguimientos más antiguos es el de la avifauna y, específicamente, el del cisne de cuello negro, cuya población es monitoreada mensualmente desde la década de 1980. “Es una metodología que en su momento preparó el doctor Roberto Schlatter junto a colegas de la época y que seguimos realizando mensualmente. El huillín también forma parte de este trabajo. Su monitoreo se ha sistematizado y actualmente se realiza cada dos años mediante una metodología que incorpora participación ciudadana”.
A ello, señala, se suma un nuevo desafío: avanzar en el monitoreo de los objetos de conservación cultural del Santuario. Sin embargo, Maturana está optimista, ya que tras cumplir con cinco indicadores base, el Santuario logró acceder recientemente a un sistema de mejoramiento de la gestión de áreas protegidas, como parte de su camino para convertirse en candidato a la certificación Lista Verde. Estándar internacional, impulsado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), que busca promover y reconocer una gestión efectiva de las áreas protegidas, contribuyendo a la conservación de la biodiversidad de los territorios.
Hoy, a nivel mundial, “Lista Verde” está compuesta por 25 países y 108 áreas protegidas. Por lo mismo, Maturana enfatiza que, a nivel nacional, serían la tercera área protegida del país en formar parte de este proceso, en el que el acompañamiento del Programa Austral Patagonia ha sido clave.
Desafíos futuros
El Santuario de la Naturaleza Río Cruces y Chorocamayo está próximo a cumplir 45 años y uno de sus desafíos pendientes es contar con una sede administrativa.
“Actualmente, no tenemos un espacio donde podamos reunirnos, por ejemplo, como equipo de trabajo. Hoy nos encontramos en proceso de licitación. Esperamos que se pueda construir, ya que ese lugar en Punucapa contempla una sala multiuso para 100 personas, biblioteca, centro de documentación, dormitorios para guardaparques, comedor e incluso un laboratorio. Por lo mismo, esperamos que pueda estar operativo, ojalá al 2028”.
Maturana aclara que esta es una de las deudas que esperan subsanar. A ello se suma la necesidad de aumentar la dotación de guardaparques, lo que permitiría incrementar los patrullajes y monitoreos y avanzar en el cumplimiento del plan de manejo.
“Actualmente solamente queda un guardaparque permanente, y yo, que soy guardaparque administrador, tengo que hacer tanto terreno como actividades administrativas. Además, contamos con el apoyo de un guardaparque transitorio solamente hasta diciembre. Entonces, es importante al menos recuperar el número mínimo de cuatro guardaparques. Cuando contemos con la infraestructura, deberíamos ser siete u ocho personas en el área protegida, tanto para realizar labores de vigilancia en terreno como todas las actividades de vinculación asociadas a una infraestructura que va a operar durante todo el año”.
Asimismo, indica que dentro de pocos meses dejarán de pertenecer a CONAF y pasarán a formar parte de un nuevo servicio. “La idea es que podamos estar totalmente integrados; ese es un desafío institucional”.
En ese sentido, explica la importancia de la formación permanente de los guardaparques, ya que permite mantenerse al tanto de las nuevas tecnologías de monitoreo y del equipamiento disponible para realizar estas labores. Además, resalta la capacitación profesional en temas como la vinculación con las comunidades, el manejo de conflictos, la equidad de género, entre otros.
“Bien capacitados podemos hacer una gestión integral del territorio. Por eso ha sido clave el apoyo del Programa Austral Patagonia de la UACh, ya que ha permitido una capacitación de buen nivel técnico en distintos ámbitos y, así, contar con mayores herramientas para evaluar los desafíos que enfrenta la gestión de las áreas protegidas y aportar al enriquecimiento de nuestra profesión de guardaparques y a la protección natural y cultural del país desde las áreas protegidas”.
Después de años recorriendo áreas protegidas y aprendiendo de los distintos territorios y de quienes los habitan, Maturana asegura que no se arrepiente de la profesión escogida. Ser guardaparque, afirma, es un trabajo dinámico que le ha permitido mantener un contacto permanente tanto con la naturaleza como con las personas. “Creo que uno hace un aporte muy humilde, quizás desde su ámbito, a la protección y a la gestión de la naturaleza del país. Si todas estas pequeñas voluntades, como la mía y las de otros colegas guardaparques del país, se van sumando, sostenemos un sistema de áreas protegidas que no es menor. Entonces, cuidar la naturaleza, protegerla y observarla creo que es la clave”.